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El Blog del Padre Rafa

“El pecado original”

por | Ago 5, 2021

Hoy, la indignación frente a la corrupción por cuanto ha sucedido en la nación, con los escándalos recientes, está dando paso a la resignación y a la indiferencia. El contrato de 1,07 billones de pesos adjudicado por el Ministerio de las TIC en el que las garantías que lo respaldan fueron falsificadas, deja entrever la manera como se hacen las cosas y la real intención al hacerlas. Cuán lejos estamos de acciones que verdaderamente puedan realizar un control sobre lo público. Un clamor, como es la conectividad de las zonas más apartadas de Colombia, termina convertido en grosería y una afrenta hacia los más pobres. Amén de esa impunidad tan extendida que ha deteriorado la confianza en la justicia haciéndonos creer que difícilmente pueda haber solución. La fotografía de hoy es una nación desgarrada y decadente a consecuencia del sinnúmero de actos conscientes de corrupción.

Desde una lectura humana y cristiana, la corrupción es un mal de raíz propio de la condición humana: ¡Todo se deriva de la corrupción originaria!, es decir del pecado original. Expresión que se ha vuelto extraña para los hombres y mujeres de hoy al punto de casi no mencionarse muy a pesar de que contiene una verdad innegable confirmada por la reflexión filosófica de un ateo como Sartre y por el rigor intelectual de Enmanuel Kant: “El ser humano es un leño tan torcido que no se pueden sacar de él tablones rectos”.

La expresión pecado original si bien no aparece en las Sagradas Escrituras, sí es un término creado por San Agustín en su diálogo con San Jerónimo. Es una expresión que no pretende hablar de un pasado sino de aquello que es original y que hay en cada uno de nosotros. San Agustín quería expresar que la situación actual del ser humano, en su nivel más profundo, es perversa y está marcada por una distorsión que llega hasta los orígenes de su existencia, por ello es “original” y por ello también hace la semántica de la palabra “corrupto”: cor – ruptus… aquel que tiene el corazón roto. Con ello, este padre de la Iglesia nos está diciendo que somos portadores de una ruptura interna que equivale a una laceración del corazón.

Pero dónde más se manifiesta este estado de corrupción es en los portadores del poder como bien lo ha indicado Lord Actón (1843-1902): “Mi dogma es la general maldad de los hombres de poder; son los que más se corrompen; el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Colombia no ha encontrado la cura para esta herida interior. Tampoco sabemos cómo evitar que siga sangrando. Se me ocurre el método bíblico del Génesis: desenmascarar al corrupto, dejándolo desnudo delante de su corrupción y expulsarlo del paraíso. Sacar, corruptor y corrompido, y meterlos en la cárcel.

*Director del PDP Canal del Dique.